Mostrando entradas con la etiqueta paketillos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta paketillos. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de enero de 2010

Y entonces...

... la colilla con su ceniza rodó por el tablero de Trivial y los dos jugadores quedaron en tablas, levantándose para abrazarse porque eran amigos.
Mirándose en el sofá se dieron cuenta de cuán absurdos eran todos aquellos juegos de preguntas para dos personas que se conocian tan bien y en los que habían perdido tanto tiempo.
Ahora que sus labios se movían diciendo cosas de verdad, todo el tiempo que tenían parecía poco, todos los caminos demasiado largos y demasiado cortos. Todas las explicaciones, normas y protocolos fueron sometidas a examen y todas las fiestas como al final de una fiesta de disfraces, cuando los invitados, al fin, se desnudan para meterse en la cama a descansar.

lunes, 14 de diciembre de 2009


La tristeza me pone cachonda. Su tristeza me ponía cachonda. Era el ser más completamente desesperanzado de la tierra. Tanto que no parecía humano, ni animal. Los humanos, pienso en los marmóreos adonis y afroditas renacentistas, en el hedonismo, el arte y la irresponsable decadencia del orgiástico imperio romano, deberían poseer un mecanismo de protección, algo así como el subconsciente, para procesar las decepciones y la frustración. Para de alguna forma digerirlas y excretar las sobras. Los animales no tienen tiempo para las decepciones y las frustración, están demasiado ocupados en las cosas importantes de la vida, como sobrevivir y perpetuar la especie. Pero él no era capaz de ignorarlas ni procesarlas, tal como una especie marginal, como un reino distinto más salvaje que el animal, más extraterrenal que el de los humanos, más silencioso que el de las plantas, más carroñero que el de los hongos. El sexo con lágrimas es una sensación extremadamente intensa e indescriptible, imposible de codificar incluso para las pluma más avanzadas. Un esfuerzo que no merece la pena para mí si puedo limitarme a saborear lo único que me queda de él: neblinosas evocaciones. Su malhumor, su miedo, su frustración, su dolor contagioso me ponían cachonda.