miércoles, 6 de octubre de 2010

Mujer

estoy harta de ti. De que no te respetes, de que no nos respetes, de que no me respetes. De que te dejes pisar, de que te arrastres, de que respondas a los estereotipos, de que te conformes con lo que digan que debes ser. Estoy harta de que te dejes llevar por la corriente de costumbres, de que no te rebeles. No me gustas porque me haces daño, porque crees que todas somos iguales, porque crees en los tópicos. ¿Por qué sucumbes?
Y tú, el otro, el pene con patas, el imbécil maleducado. El progre que quiere poseerme porque todo hombre tiene a su mujer. El hombre fuerte y protector, el macho alfa, el patriarca. Yo no soy tu niña, ni tu muñeca, ni un cubo de esperma o un útero con patas. No soy tu madre, ni tu thermomix, ni tu lavadora. ¿Quién te crees que eres?

Yo nací hembra pero no permito que mi sexo me limite. No permito que me limitéis a través de mi sexo. No permito que se me trate como un objeto. Mi cuerpo me limita, no mi sexo. Mi experiencia me alienta o me traiciona, no mi sexo. Vosotros, los que os negáis a ver la realidad me infravalorais por ser mujer. Yo, por otra parte, me mantengo fuerte ante el adversario. Y para nada de eso recurro a mis hormonas.
No creo en la sociedad de las muñecas de porcelana y los soldados de plomo. No creo en la religión de vírgenes y poderosos sacerdotes. No creo en ti, lo siento mucho.

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